Qué Es La Movilidad Corporal y Porqué Deberías Reclamarla Como Tuya

 

*Advertencia: Leer este artículo probablemente requiera que te muevas, así que si estás tirado en el sofá, vete preparando 🙂 * Como parte de mi propio camino hacia un cuerpo extraordinario, mi idea es ser capaz de usar mi cuerpo para expresar creativamente el complejo e infinito rango de movimientos humanos y, sobre todo, poder expresarme a mi mismo a través de él.

En otras palabras, poder hacer con mi cuerpo y movimiento proezas a mis ojos tales como: lograr el equilibrio y control corporal de mi cuerpo estando invertido (el famoso “pino”), ser capaz de caer desde una cierta distancia y absorber el impacto (como puedes ver en decenas de videos de parkour), controlar mi cuerpo en el aire (mortales y diferentes acrobacias) o ser capaz de expresarme libre y creativamente danzando al ritmo de la música.

Todas ellas requieren del trabajo y desarrollo de varias cualidades corporales importantes como son la fuerza, potencia, coordinación, equilibrio… pero de base a todas ellas subyace una cualidad a menudo ignorada, muchas veces mal interpretada y casi siempre relegada: la movilidad.

Qué es la movilidad y porqué te tendría que interesar

Para no complicarlo mucho, la movilidad es la capacidad de mover una articulación activamente a través de un rango de movimiento. Es decir, si levantas tus brazos por encima de tu cabeza, manteniendo la espalda en posición neutral sin arquearla, tendrás un ejemplo del rango de movimiento activo, es decir movilidad, de tus hombros (si arqueas la espalda para llegar más lejos con los brazos, eso te indica que hay una restricción de movilidad en los hombros y la compensas arqueando).

Para que nos entendamos, la movilidad es la madre activa y dinámica de la flexibilidad, que sería una de sus hijas, la pasiva y estática. Mientras la flexibilidad como la solemos entender tradicionalmente se centra en relajar los músculos para conseguir llegar a cierta posición, la movilidad se centra en recuperar el rango de movimiento de la articulación para conseguir llegar a esa posición de forma activa. Dicho de otra forma, si trabajas en tu movilidad, ganarás en flexibilidad, pero no al revés.

Ahora bien, si no tienes aspiraciones de ser bailarín, ni acróbata, ni traceur (dícese de aquel que practica parkour), como un servidor, y tampoco quieres desempeñar con mejor rendimiento la actividad deportiva o la práctica de movimiento que realices… ¿por qué narices te tiene que interesar mejorar tu movilidad?

Muy sencillo.

No sólo porque todos tenemos articulaciones y miembros articulados que usamos en gran variedad de actos cotidianos que definen nuestra calidad de vida, como llevar la compra, subir escaleras, agacharnos a coger algo o salir de la bañera. Ni porque como atletas nuestra capacidad de expresar fuerza y potencia esté limitada por una mala movilidad articular que nos pone en riesgo de sufrir lesiones evitables.

Sino porque se ha comprobado que de la movilidad depende nuestra esperanza de vida.

Lo que la ciencia nos dice sobre la movilidad

Un sencillo test de movilidad llevado a cabo por investigadores brasileños en 2000 personas durante seis años de duración reveló interesantes conclusiones.

A los participantes se les pidió que “sin preocuparse por la velocidad, se sentaran y levantaran del suelo usando el mínimo apoyo posible”. Una sencilla y cotidiana acción que en sí misma quizás no te lleve a pensar en movilidad ¿verdad? (vale, a lo mejor no cotidiana para ti, pero sigue leyendo para saber porqué debería serlo).

Cada acción, sentarse y levantarse, se evaluaban por separado y empezaban con una puntuación de 5. Por cada apoyo adicional (tocar el suelo con la rodilla, con el empeine…), asistencia adicional (apoyarte con una mano o rodilla en el suelo…) o desequilibrio o excesivo esfuerzo, se restaba un punto de esos 5. Al final cada participante terminaba con una puntuación de 0 a 10 que era la suma de ambas acciones. Aquí puedes ver una explicación más detallada en video del test y probarlo por ti mismo (¡ya te dije al principio que tendrías que moverte leyendo el artículo!).

Durante los posteriores seis años de seguimiento a los participantes, se correlacionó esta puntuación con el riesgo de mortalidad, teniendo en cuenta factores como la edad, peso y el índice de masa corporal. Aquellos participantes que tuvieron una baja puntuación, entre 0-3 puntos, en el test “Sentarse/Levantarse” obtuvieron ¡6 veces! más probabilidades de morir durante el tiempo de seguimiento, que aquellos que tuvieron una puntuación alta, entre 8-10 puntos.

En otro estudio realizado por científicos japoneses descubrieron que la flexibilidad corporal se correlaciona con la flexibilidad arterial y que la incapacidad de realizar el sencillo movimiento de tocarse los pies estando sentado, era indicador de la rigidez arterial que normalmente precede a infartos o ataques al corazón.

Estos estudios que menciono son sólo una muestra de muchos que nos demuestran que existe una correlación entre la movilidad, o mejor dicho la falta de ella, y la mortalidad. Esto no significa que si no puedes tocarte los pies estando sentado vayas a tener un ataque cardiaco dentro de dos días. Pero sí significa que tu riesgo o probabilidad de que te ocurra algo así es más elevado que a aquella persona con buena movilidad.

Quizás por esto la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el sedentarismo se ha convertido en el cuarto factor de riesgo de mortalidad global y por supuesto, recomienda la única solución posible para vivir más tiempo y mejor: moverse y moverse con calidad.

Quizás, como a mi, no te preocupe el riesgo de una enfermedad cardiovascular porque lo veas como un escenario desconectado de tu presente actual y tu estilo de vida. De la misma forma, si has hecho el test “Sentarse/Levantarse” y estás en un mínimo de forma y dentro de un índice masa corporal adecuado, tampoco te hayas sentido excesivamente preocupado.

Pero como ya adelantaba, la movilidad no sólo nos brinda esperanza de vida, sino también y casi de forma más importante, calidad de vida.

Calidad antes que cantidad

“Hola, soy Victor y he sido un adicto al trabajo.”

Hubo una época de mi vida en que pasaba de media unas 12 horas sentado delante de una pantalla, con preciosas maratones ocasionales de hasta 16 horas. Mi movilidad, y por tanto mi flexibilidad, de aquellos años era poco más o menos que espantosa, pero realmente no mucho más preocupante que la del 80% de la población. Por algo pasamos ya más tiempo de media sentados (9.3 horas) que durmiendo (7.7 horas).

A saber: doblarse y tocar mis propios pies era una utopía; conseguir rascarme la espalda por detrás, casi imposible; sufrir tirones al hacer algún movimiento sin calentar, una constante; problemas de espalda y cuello, el día a día con el que convivir; esguinces de tobillo y lesiones varias, con frecuencia…

Pero curiosamente ni me daba cuenta, tal era la desconexión con mi propio cuerpo (imprescindible, claro, para pasar tantas horas sentado sin inmutarse) y mi falta de consciencia corporal. Realizaba mi ejercicio esporádico entre semana y diferentes actividades los fines de semana y (pensaba) que no sufría de ninguna restricción importante que me hiciera tomar cartas en el asunto.

Aunque claro, ahora que lo pienso fríamente, sí que tenía mis “pequeñas molestias”. Pero nada, poca cosa. De vez en cuando se me contracturaba la espalda y tenía que estar visitando fisios durante semanas incluso meses para que se me quedara medio bien, cosa que ocurría desde hacía años; de vez en cuando sufría también de tortículis inexplicables que me dejaban el cuello listo 3-4 días; había veces que tenía las lumbares tan duras que sólo me aliviaba estar tumbado; otras veces me daban unos pinchazos en el nervio ciático que tenía que estar con la bolsa de agua caliente…

Vaya, lo normal… para alguien con 27 años.

¿O no?

Y es que este es uno de los muchos problemas asociados con la movilidad: que nos acostumbramos a vivir sin ella con una facilidad silenciosa, pero a costa de pagar el alto precio de nuestra calidad de vida.

Contracturas de espalda, malas posturas, restricciones de movimiento que derivan en lesiones… es muy fácil acomodarse y asumir que sufrirlas es “lo normal”. De la misma forma que es muy fácil dar por hecho que nuestro cerebro envejece y pierde neuronas con la edad, aunque ya se haya demostrado que no tiene porqué ser así.

Nos hemos vuelto demasiado cómodos

Cuando nacemos en este mundo disponemos de toda la movilidad posible que nuestro joven cuerpo nos brinda y si has visto alguna vez a los niños jugar y moverse, lo habrás comprobado. La facilidad con la que se agachan, se sientan, se ponen de cuclillas, se doblan, pasan largos periodos de tiempo en posición de sentadilla… y todo con fluidez, rapidez y sin esfuerzo ni restricción ninguna.

Pero después de la domesticación como adultos perdemos muchos de esos rangos de movimiento por la sencilla razón de que dejamos de usarlos (¿con cuánta frecuencia te sueles sentar y levantar del suelo?). Hoy día no necesitamos cazar para alimentarnos, ni correr para huir de los predadores, ni saltar para esquivar obstáculos, ni trepar para conquistar nuevos terrenos de caza, ni pelear para sobrevivir, ni nadar para cruzar un río.

En términos de movimiento y movilidad, somos la sombra de lo que como especie podemos ser y hemos sido. Es como si nuestro cuerpo fuera uno de los más modernos modelos de Ferrari, capaz de coger una curva cerrada a 200km/h con completa estabilidad y tracción, y nosotros fuéramos un zombie conduciéndolo en primera y a trompicones.

A menos que te dé por apuntarte a yoga (¡por favor hazlo! es un genial inicio para trabajar tu movilidad) y tengas una motivación para dejar de ser el paquete de la clase, la vida diaria moderna no nos exige que usemos el rango de movimiento para el que nuestro cuerpo ha evolucionado. Ni tampoco es que se nos enseñe desde niños a usar nuestro cuerpo para expresarnos creativamente a través del movimiento.

Entonces… ¿por dónde empezar?

Sencillo.

La movilidad se trabaja a través del movimiento. Así que podemos empezar por traer consciencia a movernos más y sobre todo, a movernos mejor.

Salir de tu zona de confort en términos de movimiento y apuntarte a una actividad que demande más rango de movimiento del cotidiano, como pueda ser el yoga o la danza, es un buen inicio. Otro buen punto de partida es apuntarte más abajo para recibir el mini-curso por correo que estoy preparando, diseñado para darte el empujón inicial necesario para reclamar tu cuerpo y tu movimiento.

Volvamos a usar nuestros cuerpos para patrones de movimiento más complejos que andar y estar sentados en una silla todo el día. Movimientos que nos supongan un reto para nuestro control motor y que nos sintamos orgullosos de conquistar. Reclamemos nuestro movimiento y divirtámonos explorándolo: gateando, reptando, colgándonos, saltando, sentándonos y levantándonos de diferentes formas, rodando, expresando con él…

Cualquier nuevo movimiento fuera de tu repertorio cotidiano va a incrementar tu rango de movilidad, va a activar la neuroplasticidad creando nuevas conexiones en tu cerebro y va a mejorar tu calidad de vida.

Y por supuesto, va a ser infinitamente más divertido que seguir siendo un zombie conduciendo un Ferrari.

Fotografía de portada por Deb Hultgren. Licencia CreativeCommons CC BY 2.0

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.