Los Tres Problemas que Acabarán con Tu Proyecto antes incluso de Empezar con él

 

Quizás apareció sin previo aviso. Igual fue una perspectiva diferente sobre algo ya conocido. Puede que dos cosas aparentemente opuestas, que de repente hicieron click juntas. Quizás fue algo gradual y progresivo, casi sin darte cuenta. A lo mejor llevabas un tiempo ya buscándola por todos los medios. Pero la cosa es que un buen día tu idea estaba ahí, bien definida dentro de tu cabeza.

Es el llamado «Momento Eureka».

Aunque el nombre nos lleve a pensar en Newton y su famosa manzana, este momento eureka no tiene porqué ser un momento de película, de completa plenitud donde todo encaja, todo tiene sentido y por fin has encontrado el eslabón perdido. Es simplemente el momento en el que algo cambia en tu mente, y de repente tu idea aparece sólida ahí dentro, quizás porque ha alcanzado el grado de madurez necesario o quizás porque has acabado de conectar lo que faltaba por conectar mentalmente.

Sea por lo que sea, de repente tienes en tu mente esa idea que parece redonda, sin fisuras, perfecta la mires por donde la mires. Y casi sin darte cuenta empiezas a implicarte emocionalmente con ella.

Entonces empiezas a imaginar noche y día como sería si tu idea fuese una realidad. Qué cosas le pondrías aquí y allá, la satisfacción de la gente al usarla, cuántas personas se podrían beneficiar de ella, cómo nadie ha llevado a cabo una idea así antes. Quizás comiences a imaginarte el diseño, el logo, los colores que la acompañarían. A soñar cómo de bien podría rendir económicamente y el poco riesgo que supondría montártelo con eso.

Este entusiasmo emocional va aumentando cada vez más conforme hablas con pareja, familiares y amigos sobre tu idea, y te vas reforzando cada vez más de lo estupendo que sería llevarla a cabo y cómo es casi imposible que fracases con ella. Cuando este proceso de calentón mental llegue a su clímax más álgido, si perteneces al selecto 10% de la población al que aún le queda algo de energía doer, quizás acabes poniéndote manos a la obra haciendo “algo”.

“Algo” que por supuesto no tiene que ser necesariamente ni lo más eficiente, ni tan siquiera el siguiente paso lógico a realizar. Es más, probablemente ni te acerque en absoluto a hacer de tu idea una realidad, como por ejemplo invertir horas y horas en leer cosas en Internet sólo para acabar desinflándote. Pero la cuestión es que toda esa energía mental tiene que salir por algún lado.

Eso, si eres parte del selecto 10% al que aún le queda algo de energía doer. Si no lo eres, el clímax del calentón mental posiblemente desembocará en la amarga toma de consciencia de que no vas a conseguir manifestar esta idea. Una vez más. Y si ya estás cansado de esa sensación quizás te decidas a hacer algo al respecto para adueñarte de tu energía doer de una vez por todas (como por ejemplo leerte mi libro «Móntatelo por Internet» ;))

En esta situación se producen tres problemas que van a condenar a tu proyecto al fracaso más absoluto, sin ni siquiera haber comenzado a trabajar en él. Lee con atención porque la mayoría de las personas desconocen lo que estoy a punto de identificar y te aseguro que no sólo te va a ahorrar tiempo, dolores de cabeza y frustraciones, sino que son algunas de la distinciones que separan a las ideas que se convierten en proyectos de éxito frente a las que fracasan sin ni siquiera abandonar la cabeza de su creador.

<h2>Primer Problema: La falta de una hoja de ruta clara.</h2>


No saber cuál es el siguiente movimiento a realizar, no saber cuál es el paso más eficiente, qué va delante de qué y porqué, qué tarea es primordial y qué tarea es accesoria, perderse en el camino, invertir tiempo y energía en lo que no es necesario en el momento en que no es necesario, etc. En definitiva, acabar perdiendo la motivación y abandonando por ver que estamos igual de lejos que al principio, o directamente no saber por dónde empezar. Créeme que esto no es tan sencillo como tener un perfil técnico. He visto informáticos, programadores y diseñadores caer en este problema. Esta es una de las razones por las que me decidí a escribir un libro al respecto, para paliar esta falta de una hoja de ruta clara. 


<h2>Segundo Problema: Apegarnos demasiado a nuestra idea.</h2> 


A veces ese momento eureka donde sientes que tu idea es redonda, acaba mutando sin previo aviso en un estado ligeramente diferente. De repente tu idea ya no es sólo redonda, sino que es Perfecta, con mayúsculas. Y además, cualquiera que sugiera lo contrario, no es capaz de entenderla por completo con todos los matices que hay en tu mente (mala señal). 

Ojo, no hay nada de malo en estar motivado y apasionado con tu idea, ni nada de malo intrínsecamente en creer en ella. El problema viene cuando nos apegamos tanto a nuestra propia idea que dejamos de ver con perspectiva o claridad. Entonces es cuando se producen situaciones que llevarán a nuestro proyecto al fracaso, como no pararnos a cuestionar de forma crítica nuestra idea, encabezonarnos con ella o evitar contrastarla con la gente que realmente la va a usar.

<h2>Tercer Problema: Saltarse la fase de Optimización de la Idea.</h2>


El 99% de las personas quieren pasar directamente a la acción después del momento calentón emocional. Demasiada energía doer no bien gestionada puede jugar una mala pasada a veces. Y si nos ponemos manos a la obra directamente nos estaremos saltando un proceso totalmente crucial, especialmente si queremos que nuestra idea juegue en nuestro favor y aumente las probabilidades que tenemos de hacerla realidad, en vez de jugar en contra. Sin duda el momento clímax tiene mucho que ver en esto, pero la verdadera razón es que la mayoría de gente nunca ha escuchado hablar sobre el proceso que falta en esta secuencia. Este proceso es una de las mayores distinciones que diferencian a los proyectos con éxito de los que fracasan y es lo que yo llamo la fase de Optimización de la Idea.

¿Qué es la Optimización de la Idea? 

Si lo pensamos fríamente, en la fase conceptual tu proyecto no es más que una idea en tu cabeza, es la crisálida dentro de su capullo, esperando a recibir los nutrientes necesarios para su evolución al siguiente paso. Probablemente tu idea en esta fase sea más grandilocuente de la cuenta, no se encuentre refinada sino más bien en estado bruto y sobre todo no esté optimizada para las circunstancias que se producen a su alrededor, como por ejemplo tus potenciales posibilidades y capacidades, tu tiempo y compromiso, el mercado al que se dirige o la opinión de los futuros usuarios. Si no dedicamos tiempo a trabajar en la idea en esta fase conceptual, a aportarles los nutrientes que necesita, a refinarla y hacerla pura, estaremos sellando su destino para que muera como un sueño más no realizado, es más, ni siquiera empezado, y no consiga nunca evolucionar de crisálida a mariposa.

Por eso en «Móntatelo por Internet» invertimos toda una sección trabajando en la Optimización de la Idea: refinándola, aprendiendo qué es lo que importa y lo que no, y reduciéndola a su esencia.

Por eso también seguiré compartiendo por aquí toda la información posible para asegurarnos que nuestras ideas no juegan en nuestra contra, sino que son las que hacen que las probabilidades de alcanzar el éxito estén a nuestro favor.

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

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