El Informático Que Se Hartó de Estar Sentado

Imaginate que un día te despiertas y te das cuenta de que has pasado la mayor parte de tu vida sentado delante de una pantalla…

…Pues eso mismo me pasó a mi.

¡Hola! Ese del árbol soy yo, Victor Espigares. Gracias por visitar mi página.

Aparte de trepar árboles, cree una empresa online que me ha permitido tener el estilo de vida con el que siempre había soñado.

VisualizeUs, una red social de imágenes, cuenta con más de 209,000 usuarios y ha aparecido en diversos medios incluyendo The New York Times, donde fue catalogado como “una instalación de arte en constante transformación”.

He escrito el libro “Móntatelo Por Internet” donde comparto lo que he aprendido durante todos estos años de emprender y enseño a otros a crear sus ideas online y vivir de ellas.

Sigue leyendo debajo si quieres conocer más sobre mi historia.

De la oficina a crear mi propia Start-up

Soy ingeniero técnico informático de formación y mi historia era una como tantas otras: horas y horas delante de una pantalla en la oficina. Trabajaba en el campo de la astrofísica y la investigación, y mi vida era bastante rutinaria pero satisfactoria. Hasta que un día tuve una idea, aparentemente inocente.

En aquel entonces estaba metido de lleno en el mundo del diseño y la fotografía y pasaba mucho tiempo aprendiendo y viendo imágenes y fotografías (aquí puedes ver algunas de mis fotos en una exposición virtual). Al final del día me costaba horrores recordar donde había visto esta o aquella imagen que me había fascinado. Así que se me ocurrió hacer unos favoritos para contenido visual que me ayudaran a recordar esas imágenes, y también a compartirlas como inspiración con otras personas.

Al proyecto lo llamé VisualizeUs.

Lo llevé a cabo en mi tiempo libre, y más por gusto y como un reto personal que otra cosa, pero ironías del destino, estaba llamado a cambiarme la vida.

Para mi gran sorpresa, el proyecto tuvo muy buena acogida, empezó a hacerse conocido y a crecer inesperadamente. Nuevos usuarios se apuntaban cada día y al cabo de un par de meses no pasaba un sólo segundo sin que alguien en alguna parte del mundo añadiera una nueva imagen a su colección de inspiraciones. Lo que había nacido como un proyecto personal por una necesidad propia había convertido en un proyecto global.

VisualizeUs siguió creciendo y se fue haciendo cada vez más conocido. Y yo después de un tiempo haciendo malabares entre mi trabajo y el proyecto, que cada vez demandaba más, tuve un momento de valentía y decidí lanzarme a por todas. Así que dejé mi trabajo y me lancé a la odisea de convertir un proyecto que había empezado por amor al arte en una startup de verdad que pagara mis facturas.

Más no siempre es Mejor

Pero llevar una startup no es moco de pavo y más si se trata de un proyecto independiente que da servicio a más de doscientos mil usuarios.

De golpe y porrazo pasé de estar las reglamentarias ocho horas sentado en la oficina, al caos de no tener horarios y simplemente invertir cada minuto disponible en el proyecto. Novato de emprender, me había creído demasiado el cuento de “matarse a trabajar para retirarse joven” que se oye en el mundo de las startups. Tenía un horario totalmente loco, una nutrición bastante cuestionable y una vida social escasa. Pero el viento soplaba a favor y la empresa rendía, así que eso justificaba los maratones de hasta 16 horas delante del ordenador y el seguir con el acelerador pisado a fondo.

Sin darme cuenta, o mejor dicho, sin querer darme cuenta, me había ido poco a poco convirtiendo en un workaholic, un adicto al trabajo. Dicen que sarna con gusto no pica y con tal de ver crecer a mi criatura todo valía. Pero el precio que estaba pagando era el de mi calidad de vida y sobre todo el de mi propio cuerpo.

Demasiados años sentado delante de una pantalla con unos hábitos posturales muy cuestionables, habían hecho que mi cuerpo no protestara al estar sentado, pero sin embargo manifestara todo tipo de dolores de espalda ante cualquier otro tipo de actividad tan sencilla como andar. Sin mencionar que concederme unas vacaciones a mi mismo era casi un milagro y que cuando no estaba delante de una pantalla, no conseguía desconectar mi mente de ella.

Irónicamente, una de las razones por las que me había decidido a emprender online era para tener más libertad que trabajando para otros, y poder así disponer de mi tiempo a mi antojo. Obviamente en alguna bifurcación del camino me había perdido, pero de alguna forma sabía en mi interior que alcanzar esa meta seguía siendo posible.

El Cambio de Rumbo hacia El Factor Libertad

Fue entonces cuando decidí dar un giro de 180º, sobre todo interior. Pasé por un aprendizaje personal arduo y largo, pero mereció la pena. Empecé a dejar de pasar tanto tiempo delante de la pantalla y a ser más eficiente el poco tiempo que lo estaba. Aprendí a elegir cuidadosamente dónde centrar mis esfuerzos para obtener el máximo beneficio, y a poner en funcionamiento estrategias que desvincularan mi tiempo del proyecto sin que éste se resintiera.

Paralelamente, aprendí a escuchar a mi cuerpo y comencé a rehabilitar todo el daño que le había ido infligiendo silenciosamente con los años. Gracias a esto, empecé a descubrir todas las posibilidades y diversión que tenía para ofrecerme. Me empecé a interesar por cómo solucionar mis problemas de espalda, corregir mi distorsionada postura, estar más fuerte, ganar en flexibilidad y agilidad.

A la vez empecé a poner en uso todas las ganancias que iba adquiriendo, en forma de nuevos movimientos y retos como recuperar mi sueño de practicar artes marciales. Empecé a transmutar mi identidad de “friki de la pantalla, pasivo y delgado” a una que me llenaba mucho más: “apasionado del movimiento, fuerte y activo”.

Comencé a preguntarme que es lo que realmente importaba en mi vida y a qué quería dedicar mis días. Empecé a diseñar y vivir el estilo de vida que siempre había soñado: ser el amo y dueño de mi tiempo, y poder hacer lo qué quiera, cuándo quiera y cómo quiera.

En mi caso, esto se concretó en poder vivir durante largos periodos de tiempo en otros lugares del planeta, viviendo como un local y aprendiendo aquello que me apasiona en plena inmersión total. Hasta la fecha he vivido en diferentes lugares, incluyendo Nueva York y Edimburgo, y he realizado dos grandes “mini-jubilaciones”.

Mini-jubilaciones por El Mundo

La primera fue en una isla remota de Filipinas donde estuve aprendiendo Kali, un milenario y devastador arte marcial filipino, directamente de manos del Gran Maestro Ernesto Presas Jr. ¿He mencionado que practicar artes marciales era un sueño relegado de mi infancia? Pues esta fue una experiencia que marcó un antes y un después en mí, en muchos sentidos.

Estuve viviendo tres meses en régimen de casi retiro, sin Internet ni lujos modernos, viviendo únicamente con mi maestro y mi instructor, a media hora en motocicleta de la población más cercana y entrenando mañana y tarde sin descanso, algo que terminó de transmutar mi vieja identidad física. Aquí puedes leer cómo esos tres meses tuvieron un resultado secundario inesperado.

La segunda fue un viaje de búsqueda sin destino a través de Tailandia y el sudeste asiático, mochila en mano.

[continuará…]