Porqué aprendemos más rápido de niños y cómo recuperarlo

 

Ya hemos hablado de nuestra nueva amiga, la neuroplasticidad (o lo que es lo mismo, «tu cerebro se está reconfigurando con cada pensamiento que tienes.«)

(Aquí puedes encontrar el artículo que le dediqué a la neuroplasticidad)

Básicamente lo que la neurociencia ha probado es que podemos crear neuronas y caminos neuronales a cualquier edad, lo cual viene a significar que podemos aprender cualquier cosa a cualquier edad.

Así que asumiendo que así es como funciona –y no faltan estudios científicos para probarlos– deja que te lance una pregunta:

¿Por qué no aprendemos a la misma velocidad que cuando éramos niños?

¿Por qué conforme vamos creciendo nos cuesta más aprender cosas nuevas?

¿Qué está ocurriendo ahí?

(Vale, eso son en realidad tres preguntas. Lo siento, me he emocionado, pero las responderemos todas, prometido.)

De dónde proviene realmente la dificultad de aprender con la edad

La diferencia entre un niño aprendiendo algo y un adulto aprendiendo la misma cosa es muy sencilla.

El adulto añade algo al proceso de aprendizaje que el niño no.

Resistencia.

Y esa resistencia toma tres formas principales.

Tipo Nº1: «Qué difícil»

Quizás la más básica de todas es simplemente catalogar el proceso de aprendizaje como «difícil».

Un niño simplemente aprende, no invierte ningún tiempo ni energía en catalogar a priori cómo de difícil o fácil va a resultar aprenderlo.

Sin embargo el adulto sí que invierte tiempo y energía en intentar estimar cuánto tiempo y cuánto esfuerzo le va a conllevar el aprendizaje, para después poder compararlo con el beneficio estimado que cree que obtendrá si lo aprende y poder ver si compensa.

Los adultos somos mucho más calculadores.

Lo malo es que por lo general no somos muy buenos estimando y a menudo obviamos en nuestras estimaciones el tremendo beneficio que vamos a obtener sólo del proceso de aprendizaje (¡sin entrar en la diversión de aprender en sí!)

Tipo Nº2: “Pero es que a mi me gusta así”

Esta otra resistencia es la resistencia a salir de la zona de confort.

Como adultos nos encontramos muy a gusto en nuestra zona de confort. Nos ha llevado nuestro tiempo fabricarla, lo cual es necesario para poder operar en la vida y el día a día, pero se ha convertido a la vez en nuestra mejor amiga y nuestro peor enemigo.

Aprender algo nuevo de adulto significa precisamente salir de esa zona donde todo es conocido y nos sentimos competentes, para adentrarnos en una nueva área desconocida donde de repente nos veremos expuestos a fracasar (¿has dicho fracasar?), a sentirnos torpes y patosos (¿qué? yo ya pasé educación física) y sobre todo a ser juzgados por nosotros mismos y por otros adultos (¡ni hablar!).

Si, eso podría ser perfectamente tu mente de adulto hablando.

En contraposición, para un niño aprender algo es parte del descubrimiento con el que afronta el mundo que le rodea y es lo más divertido y emocionante que puede hacer.

Son refuerzos del proceso de aprendizaje muy diferentes.

Tipo Nº3: “No quiero cagarla”

El último tipo de resistencia: la resistencia a fallar durante el proceso de aprendizaje.

¿Has visto alguna vez un niño aprendiendo a andar con resistencia a caerse?

Para aprender tendremos antes que fracasar muchas veces, simplemente porque van de la mano y es parte del proceso.

Si pretendemos evitar fallar a toda costa lo que estaremos consiguiendo no es evitar el fracaso, sino impedir el proceso natural de aprendizaje.

Un niño no se castiga, ni se reprende ni se juzga por estar fallando haciendo algo. Lo sigue haciendo y haciendo, hasta que lo consigue por primera vez y entonces sigue repitiéndolo para afianzar ese aprendizaje.

Pero como adultos somos nuestros peores jueces y verdugos. Cuando nos vemos fallando, nos metemos caña, nos frustramos, nos preguntamos cómo se nos estará viendo desde fuera y nos sentimos menos motivados para seguir, eventualmente abandonando el aprendizaje.

Si no estás creciendo, te estás encogiendo

El problema de todo este asunto es el que veíamos al principio de este artículo. La neurociencia nos ha demostrado que nuestro cerebro tiene la capacidad de estar creando nuevas neuronas y conexiones sinápticas durante toda su vida. Hasta aquí correcto. Pero para activar ese grandísimo poder se necesita de un estímulo adecuado que incite al cerebro hacerlo. Si no lo sometemos a ese estímulo cognitivo, no va a sentir la necesidad de adaptarse a él y se acomodará en sus funciones, eliminando neuronas y conexiones neuronales que no necesita, siempre en busca de la eficiencia.

Lo que significa literalmente que en edad adulta si no estás trabajando por hacer que tu cerebro crezca, el sólito se está encogiendo (para tu desgracia).

¿Cómo hacer esto? Una buena fórmula es buscar salir de nuestra zona de confort. Cada vez que salimos fuera de ella nuestro cerebro tiene que forzosamente adaptarse a nuevos estímulos y experiencias y el proceso de aprendizaje está asegurado. Pero como a nadie le gusta salir de su zona de confort porque sí (es un entrenamiento al que hay que someter a la mente) una buena forma de engañarla es explorar y aprender las cosas que nos apasionan. Que dicho de otra forma es vivir la vida persiguiendo (y alcanzando) tus sueños.

Haz del aprendizaje tu forma de vida

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste torpe aprendiendo algo completamente nuevo?

Aprender un nuevo idioma totalmente desconocido, retar tu sentido del ritmo dando clases de baile, decidirte a emprender por internet sin ser un experto, superar tu miedo escénico haciendo teatro, desengrasar tu léxico y escribir tus memorias, aquietar tu mente y meditar en la naturaleza, romper el hielo y conocer nuevas personas, sobrepasar la pereza y cultivar tu cuerpo, abrir tus horizontes y descubrir otros lugares del mundo, poner a prueba tu coordinación haciendo malabares, empaparte de nuevas culturas y formas diferentes de entender la vida, ampliar tu rango de movimiento haciendo versátil tu cuerpo…

Da igual que no lo hagas bien, que te sientas patoso, que no des pie con bola. El mejor aprendizaje que puedes concederte es aprender a reírte de ti mismo y a no tomarte tan en serio tu faceta de adulto. ¡En realidad somos todos niños con cuerpos grandes!

Recupera la ilusión de los niños por aprender, por cometer errores, por descubrir a cada instante el mundo que les rodea como algo nuevo lleno de posibilidades, mantén así tu cerebro joven y vive una vida extraordinaria llena de aprendizajes extraordinarios.

¿Qué vas a aprender hoy? Deja un comentario y házmelo saber.

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

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