El Secreto Para Mantener Tu Cerebro Joven y Vivir una Vida Extraordinaria

 

¿Alguna vez has visto a una persona mayor intentando aprender a manejar un ordenador o navegar por Internet?

Yo todavía recuerdo cómo de pequeño era yo el encargado de programar el video en casa porque mis padres no conseguían entenderse con el mando.

Ejemplos como estos existen a miles. Y es que de siempre se ha considerado que cuanto más mayor se hace uno, más difícil le resulta aprender cosas nuevas. Mientras que los niños son esponjas que lo absorben todo y les cuesta muy poco esfuerzo aprender.

Pero curiosamente mis padres ahora se manejan estupendamente con su iPhone cuando en su día no consiguieron averiguar cómo programar el video.

¿A qué se debe este curioso fenómeno?

Cambiando el paradigma

Para entenderlo tenemos que echar un vistazo a la neurociencia, la ciencia que estudia e intenta entender cómo funciona la gran caja negra que todavía es el cerebro humano. Aún en pañales si la comparamos con otras ramas de la ciencia, los últimos descubrimientos en neurociencia han cambiado (para bien) el paradigma bajo el que se entendía el cerebro y su funcionamiento.

Hasta hace poco la ciencia nos decía que el cerebro era algo estático e inmutable, que nacíamos con un número fijo determinado de neuronas que se iban degradando con el paso del tiempo y que nuestra genética era la principal responsable de nuestra inteligencia. Se creía que el cerebro experimentaba un momento crítico de expansión desde el momento del nacimiento hasta ya adentrada la infancia. En esta fase ocurría la mayor parte del desarrollo neuronal y se creaban la gran mayoría de conexiones y caminos neurológicos. De ahí que en esas edades se aprendiera tan rápido y tan fácilmente. Pero que una vez pasado ese momento de expansión, el desarrollo del cerebro se iba desacelerando hasta detenerse por completo. De hecho se acababa revertiendo hacia una “degeneración”, en la que las neuronas existentes iban muriendo con el envejecimiento volviéndonos cada vez un poquito menos agudos, más lentos y más tontos. En otras palabras, una vez alcanzada la edad adulta el cerebro era percibido como algo fijo, estático y resistente al cambio, cuyo único horizonte posible era el declive. Lo que hacía muy difícil la adquisición de nuevos aprendizajes o el cambio de creencias personales ya adquiridas.

A modo de metáfora visual era como si nuestro cerebro fuese un gigantesco circuito de lava que fuera enfriándose poco a poco, pudiéndose modificar y dar forma mientras la temperatura de la lava fuera propicia, pero siendo imposible de cambiar al enfriarse y solidificarse por completo.

Por suerte hoy día ya se ha demostrado que este paradigma es incorrecto.

Presentando la Neuroplasticidad

Diversos experimentos recientes han venido demostrando que en realidad el cerebro es una gran red adaptable y plástica, capaz de reconfigurarse con las experiencias y aprendizajes a la que la sometamos a cada minuto. Que no es fija ni rígida ni predeterminada, sino todo lo contrario: plástica, adaptable y reconfigurable. Y que lo es durante todo nuestro tiempo de vida.

El nuevo paradigma de la neuroplasticidad ha conseguido demostrar que independientemente del proceso natural de envejecimiento, somos capaces de seguir produciendo y creando nuevas neuronas y conexiones neuronales justo hasta el momento de morir. Esto implica que el proceso de aprendizaje se puede producir a cualquier edad, ya que la plasticidad del cerebro está presente en todo momento, y que nuestra inteligencia no es fija ni inmutable. Las connotaciones de esto son inmensas, es decir, date cuenta: ¡no tienes porqué seguir siendo tan tonto como siempre has creído que eras! 😀

Bromas aparte, demostrando la neuroplasticidad se han realizado diversos experimentos y estudios, muchos de ellos ya muy conocidos, como los estudios de Eleanor Maguire a los taxistas de la ciudad de Londres. En sus investigaciones pudo demostrar que comparados con el cerebro de una persona normal, los taxistas poseen mucha más materia gris en la región del hipocampo, encargada de la memoria y de la navegación espacial; y que ese incremento de tamaño no viene dado “de fábrica”, sino que es producido por un entrenamiento, en este caso cognitivo, que cambia la estructura y tamaño del hipocampo. En el caso de los taxistas de Londres este entrenamiento es pasar la dura prueba para conseguir la licencia, que consiste en memorizar más de 25.000 calles y miles de lugares históricos, pintorescos y relevantes; aprendizaje que se da durante 3-4 años y que sólo la mitad de aspirantes pasan.

Reconfigurando nuestro cerebro pensamiento a pensamiento

La neuroplasticidad no es sólo un efecto a largo plazo. Es algo que está ocurriendo en tu cerebro con cada pensamiento que estás teniendo.

El científico español Alvaro Pascual-Leone enseñó a tocar una sencilla pieza de piano con cinco dedos a un grupo de voluntarios. Puso a la mitad a practicar con un piano de verdad y a la otra mitad sólo les pidió que se imaginaran en su cabeza practicando la pieza. Pudo observar que en el primer grupo el entrenamiento continuo conllevó un aumento en la corteza motora que era responsable de mover esos dedos, como cabía de esperar. Pero lo curioso es que en el segundo grupo, los que se estaban imaginando practicando, también activaban las regiones motoras necesarias para la ejecución de los movimientos en la realidad. Es decir, que el mero pensamiento o simulación mental de tocar la pieza era suficiente para promover el efecto de la neuroplasticidad.

Esto tiene unas implicaciones extraordinarias y es la explicación de porqué la meditación y otras prácticas cognitivas, como la visualización en el caso del estudio anterior o la práctica del pensamiento positivo, producen cambios reales en la estructura y el cableado de nuestro cerebro, pudiendo llegar a crear nuevas neuronas y sinapsis siempre que se proporcione el estímulo externo necesario durante el periodo de tiempo necesario, como ocurría en la investigación de los taxistas. En realidad es lo mismo que ocurre con nuestro cuerpo cuando sometemos a un músculo a un estímulo externo, como por ejemplo levantar algo pesado.

Pura y simple adaptación.

Así que el verdadero secreto para mantener tu cerebro joven no es nada sorprendente: simplemente sigue aprendiendo.

Aprendiendo nuevas cosas, exponiéndote a nuevas ideas y conceptos, adquiriendo nuevas habilidades, aprendiendo a hacer el pino (¿sabías que uno de los mejores generadores de estímulos para el cerebro es el movimiento?)

No sólo esto ayudará a activar tu creatividad sino que también hará que tu velocidad de aprendizaje se mantenga alta independientemente de tu edad. A la vez que producirá el estimulo adecuado para mantener la fabrica de neuronas a pleno funcionamiento.

La neuroplasticidad cambia por completo las tornas del juego y es sin duda uno de los pilares que hace que cualquier tipo de trabajo de desarrollo personal sea posible y factible.

Cada vez que alguien te suelte el clásico de todos los tiempos de “es que sabes, yo siempre he sido así, eso no se puede cambiar“, por favor, mándalos a este artículo.

Si quieren seguir manteniendo esa historia, perfecto, pero al menos sabrán que por una vez van a tener que dejarse de cuentos y llamar las cosas por su nombre: una excusa mala.

Y ahora, es tu turno. ¿Qué nuevas puertas abre el paradigma de la neuroplasticidad para ti?

Deja un comentario y cuéntame.

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

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