Por qué fracasas con tus metas y hábitos (y qué hacer al respecto)

 

¿Cuántas veces has empezado algo, con todas las ganas del mundo, súper motivado e ilusionado, trayendo lo mejor de ti y dando lo que parecían ser los pasos correctos para conseguir tu meta… para al final acabar desinflándote como un globo pinchado y quedarte a mitad de camino?

Tranquilo, no eres el único al que le ha pasado.

Todos tenemos infinidad de propósitos que tristemente se quedaron a medias.

Quizás otra cosa se interpuso en el camino para crear tu proyecto en la red. Quizás un buen día nos preguntamos a nosotros mismos para qué tanto esfuerzo por bajar de peso. Quizás de repente dejamos de tener la motivación por aprender ese idioma nuevo. Quizás nos dimos cuenta de que habíamos silenciosamente abandonado nuestro empeño por vivir de una forma más saludable.

Y para no deprimirnos del todo, ni entramos a hablar sobre los famosos propósitos de año nuevo (sí, esos que ya tienes perfectamente olvidados).

Lo que pasa con nuestra mente y los propósitos

Gran parte del problema reside en cómo funciona nuestra mente a la hora de establecer nuestros propósitos, en concreto a la hora de entender el compromiso que establecemos con ellos.

Precisamente el otro día una amiga me decía que quería volver a salir a correr. Su única preocupación era que algún día no pudiera hacerlo, porque fue la razón por la que acabó dejándolo la última vez que se lo propuso.

Este es un gran ejemplo para ilustrar cómo funciona nuestra mente a la hora de procesar nuestros propósitos y metas, y cómo en ese proceso también se establece sutilmente el sabotaje que hace que fallemos al conseguirlos.

Si alguna vez te has preguntado porqué consigues algunas cosas, cuando otras es imposible por más que te empeñes, sigue leyendo.

Si quieres conseguir que algún propósito actual que te importa no se vaya al garete como tantos otros, encontrarás un guión práctico paso a paso para aplicar lo que voy a explicar, al final del artículo.

Lo primero que mi amiga se dice a sí misma es que va a salir a correr todos los días. Llueva, truene o nieve. Que es algo importante para ella, que no va a escuchar ninguna estupenda excusa para no hacerlo y que va a ser constante con su objetivo, día sí, día también.

Hasta aquí, estupendo. Ha programado su mente estableciéndola con un nivel de compromiso alto, lo cual es crucial y necesario para alcanzar la meta y cumplir su propósito. Cualquier nivel por debajo de un compromiso total, no funcionará.

Pero… ¿por qué aunque tú estés totalmente convencido de estar comprometido al 100% llega un buen día que tu propósito se va al garete?

El cableado mental por defecto

Veamos cual es el cableado mental que ocurre cuando estableces un compromiso, especialmente a la hora de gestionar los imprevistos que surgen a su alrededor.

Porque… ¿qué pasa si un día no puede salir a correr porque le ha surgido algo ineludible? Recordemos que como ella misma decía ese era su gran dilema, la constancia.

El problema es que la mente por defecto entiende los compromisos como algo absoluto. Un todo o nada, o lo estás haciendo o no lo estás haciendo. Y dentro de esa lógica binaria absoluta de blanco o negro, no sabe cómo hacer para encajar la gama de grises que son los imprevistos.

Bueno, en realidad sí que sabe. Pero no de una forma que nos sirva en nuestro objetivo.

Para una mente sin entrenar aplicando su lógica de “blanco o negro”, un imprevisto en su objetivo tiene el significado de fracasar de forma inmediata en su compromiso. En otras palabras, una mancha gris en el blanco lo transforma en negro.

De forma que en su mente tal y como está por defecto cableado es:

“Mientras lo esté haciendo cada día como me he dicho a mi misma, estaré teniendo éxito. En cuanto deje de hacerlo, he fallado irreversiblemente” Y podrías decir “¡pero es que tiene sentido! ¡ella dijo que quería salir a correr todos los días!”.

Sí. Y eso es lo mismo que le estará diciendo su mente el día que no pueda hacerlo por cualquier imprevisto: “¡Dijiste todos los días!

Lo cual precisamente no es un refuerzo positivo para continuar haciéndolo.

Dependiendo del tiempo que haya conseguido hacerlo día tras día seguido sin fallar ni una sola vez, puede ser que tenga suerte y se haya convertido en un hábito; o puede ser que no, que es lo más probable (hay varios estudios científicos que ya han probado que se necesitan mucho más que únicamente 21 días para formar un hábito), en cuyo caso quedará anotado en la lista mental de Fracasos y tendrá un uso futuro para dinamitar sus ganas de emprender próximas metas y propósitos.

Los dos grandes errores

A mi esto me pasaba mucho. Me proponía retos pero dejaba que mi mente lo hiciera en sus términos absolutos. Lo peor es que verdaderamente pensaba que así es como funcionaba el asunto con el tema de establecer metas y propósitos: te comprometías al 100% y tenías que sacar fuerza de voluntad de donde fuera para hacerlo todos, absolutamente todos los días. Claro, esto requería de una energía excesiva para poder mantener el propósito que muchas veces hacía insostenible el poder hacerlo.

Al establecer así un compromiso estás cometiendo dos grandes errores.

El primero es que estás estableciendo tu propósito con el único combustible de tu fuerza de voluntad para cumplirlo, lo cuál es muy poco eficiente y no te llevará muy lejos. Si estás muy centrado y con las reservas de energía doer a tope, que no suele ser lo normal a menos que vengas de un estupendo año sabático o de disfrutar de una mini-jubilación anticipada, entonces tendrás tus más y tus menos pero al final cumplirás tu propósito, no sin un gran desgaste de por medio.

Pero si tus reservas de energía doer no están cargadas al 100%, que suele ser lo más normal con el ritmo de vida de hoy día, lo más probable es que algún día no cumplas tu propósito. Dejes de salir a correr, no comas saludable, te saltes un entreno, se te olvide pasarte la seda en los dientes o no medites la media hora que te dijiste que meditarías cada mañana.

Y ahí reside el segundo gran error. Al haber dejado que tu mente estableciera el compromiso con tu propósito en términos absolutos, en el momento en que falles aunque sólo sea un sólo día, tu mente ya va a dar por hecho que has fracasado por completo con tu propósito. Y lo peor es que creará todo tipo de justificaciones y razonamientos para apoyar su tesis.

Estas dos razones son las culpables de que la inmensa mayoría de propósitos de año nuevo no sobrevivan más de dos meses. Lo mismo que ocurre con casi todas las dietas.

Entonces… ¿Cómo establecer un compromiso para no caer en la trampa absoluta de todo o nada? ¿Cómo entrenamos a nuestra mente para evitarla?

Entrenando nuestra mente

Obviamente es esencial estar comprometido al 100% con tu meta, determinado a hacerlo truene, llueva o se derrumbe el mundo. Y si no estás seguro de estar comprometido al 100%, o bien te aseguras o bien rebajas tu nivel de exigencia con tu compromiso, porque sino lo mejor es dejarlo en ese punto.

Pero la clave aquí es que estar comprometido al 100% no es algo absoluto. No significa hacerlo el 100% de las veces. Ni siquiera aunque el propósito sea salir a correr todos los días. Y tu mente necesita entender esto.

Somos seres humanos, no máquinas.

A la hora de establecer tus compromisos con tu mente, ayúdale a entender que las cosas no funcionan en términos absolutos y planea de antemano qué vas a hacer cuando falles en tu propósito.

Porque vas a fallar.

Antes o después, ocurrirá.

La falsa ilusión a romper

A lo mejor te pones malo y no puedes salir a correr. A lo mejor tienes un evento familiar y acabas comiendo de todo. A lo mejor ese día no consigues crear tiempo para dedicárselo a tu proyecto. A lo mejor te haces daño en un músculo y no puedes ir ese día a entrenar. A lo mejor esa mañana te levantas tarde y no te da tiempo a meditar.

Da igual el motivo en realidad.

Lo importante no es que ese día gris falles en tu compromiso. Lo importante es no permitir que nuestra mente le asigne el significado de derrota o fracaso, sino el de un bache temporal en el camino. Y sobretodo no permitir que eso diluya ni rebaje nuestro nivel de compromiso. Ni mucho menos cancele el propósito.

Cuando uno de esos días llega, lo único que hay que hacer es aceptarlo sin más. Pero lo importante es que al día siguiente estés dispuesto a continuar con fuerzas renovadas y con tu compromiso restituido al completo y más reforzado si cabe.

Y eso es lo que le tienes que decir a tu mente. Le tienes que decir que vas a estar comprometido a tope con salir a correr todos los días porque para ti es importante hacerlo, porque quieres ponerte en forma, sentirte bien contigo mismo y airearte haciéndolo. Y que vas a aspirar a hacerlo con constancia cada día. Pero que si un día resulta que no lo haces, aunque no sea para nada tu intención que eso ocurra, al día siguiente lo vas a hacer con más ganas si cabe. Que vas a aspirar a un 90% de perfección, dejando ese 10% libre para los imprevistos.

Piénsalo: ¿qué es mejor, aquella persona que cumple con su propósito 18 días seguidos y al 19 falla, se desmotiva y deja que su mente abandone por completo? ¿o aquella persona que cumple con su propósito 14 días seguidos, el 15 falla, pero se motiva más aún y consigue continuar otros 20 días hasta que vuelve a fallar, y así sucesivamente?

Cuando uno se compromete al 100% con un propósito implica hacerlo da igual lo que ocurra. Pero sobretodo implica seguir haciéndolo, da igual lo que ocurra.

Recuerda: No vamos buscando la perfección absoluta sino la constancia.

Eventualmente tus días grises se irán reduciendo considerablemente. Te volverás mucho más bueno lidiando con los imprevistos porque tu propósito estará más integrado en tu rutina como un hábito, en vez de algo exterior a ella que requiere de energía e intención para ser llevado a cabo.

Pero todo empieza por planear para el fallo.

¿Y ahora qué?

Sé que es mucha información para digerir y que hay unas altas probabilidades de que para tu próximo propósito (o uno actual) no te acuerdes de planear el fallo de nuevo.

Por eso ahora me gustaría que hicieras dos cosas:

Cosa Nº1:

Piensa qué metas o propósitos que eran importantes para ti dejaste a medias en su día e intenta determinar porqué ocurrió, no el motivo o la «excusa» (“me mudé y perdí el ritmo de entrenamientos”), sino cómo eso causó que acabaras abandonando el propósito: si fue por no haber planeado el fallo, por depender exclusivamente de tu fuerza de voluntad, etc.

Cosa Nº2:

Nada me gustaría más que pusieras en práctica lo que expongo en este artículo.

Por eso he preparado un guión práctico paso a paso para hacerlo. Lo puedes usar cuando tengas un propósito con el que quieras comprometerte, ya sea actual, uno nuevo o uno antiguo que quieras retomar del punto anterior.

Es una forma muy sencilla y directa de poner en práctica este artículo, para asegurarte de que esta vez planeas el fallo como debe ser.

Descarga el guión práctico paso a paso aquí.

Me encantaría escuchar tus reflexiones sobre el punto 1 y cómo aplicas el punto 2 a tus propósitos.

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

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