Aprende Cómo Rediseñarte A Ti Mismo o El Increíble Poder de las Identidades (II)

 

Ya hemos visto cómo las identidades que hemos asumido sobre quiénes somos causan todo a nuestro alrededor, desde resultados que tenemos o que no tenemos, hasta formas de ser. También porqué esas identidades no son necesariamente más verdad que cualquier otra creencia diferente que podrías haber asumido.

El problema con muchas de estas identidades que tenemos es que fueron adoptadas hace ya mucho tiempo y han dejado de sernos útiles para nuestras metas y nuestra visión de la persona que aspiramos a ser. Son lo que vamos a llamar identidades limitantes, aquellas que restringen nuestro potencial para conseguir lo que queremos en la vida.

Veamos algunos ejemplos de identidades limitantes:

  • Supongamos que quieres emprender con tu idea en Internet, pero tienes la creencia de ti mismo de que no eres del tipo de persona que acaba las cosas que empieza. Bueno, está bastante claro cómo se va a desarrollar la historia ¿verdad? Por mucha ilusión y ganas que le pongas al empezar, será otro proyecto más empezado y no terminado que se quedará acumulado en tu conciencia reforzando la identidad de “empiezo muchas cosas, pero no termino ninguna”. Para evitar eso, lo primero antes de nada será activar tu energía doer y saberte capaz de poder terminar las cosas, antes ni siquiera de plantearte comenzar otro proyecto nuevo.
  • Si siempre has considerado que no eres muy bueno gestionando tu tiempo, lo cual muy probablemente suene en tu mente a algo como “nunca tengo tiempo para nada” o “siempre lo dejo todo para el último momento”, da igual la técnica de gestión de tiempo o productividad que intentes aplicar. Hasta que no cambies esa identidad de ti, ninguna te va a funcionar. Por eso el primer paso será adueñarte de tu tiempo para a continuación poder hacer algo productivo al respecto.
  • Si nunca te has considerado una persona atlética o deportista, lo que puede sonar a algo como “nunca he conseguido estar en forma” o “mi coordinación es malísima”, da igual cómo de duro o cuánto entrenes para tener el físico que deseas. Hasta que no lidies con el problema de raíz no conseguirás plasmar verdaderos resultados visibles.

No hay ningún logro fuera de tu zona de confort que puedas conseguir sin antes pasar por el paso de identificar qué creencia o identidad te está limitando para llegar hasta él. Esto es así porque precisamente tu misma zona de confort está creada por tus actuales identidades y creencias.

Cómo veíamos en la primera parte de este artículo, alcanzar cualquier cosa fuera de esa zona de confort, va a requerir un nuevo conjunto de habilidades para conseguirlo y esas habilidades necesitan de identidades y hábitos que las apoyen para funcionar. De ahí la importancia de hablar del poder de las identidades y cómo dominarlo a nuestro favor.

¿Qué hacer para redefinir una identidad limitante que ya posees?

El primer paso es hacerte consciente de cuál es esa identidad limitante.

Suena simple pero muchas de estas creencias están tan incrustadas en nuestro subconsciente que, mucho antes de plantearnos redefinirlas, primero es necesario hacer un trabajo de consciencia para sacarlas a la superficie.

A partir de ahí, empieza a ver en tu día a día cómo actúa esa creencia y cuándo se “activa”. No todas nuestras identidades están en funcionamiento a la vez y un buen lugar donde mirar es en la toma de decisiones cotidianas. Si te sirve, intenta encontrar el momento en que absorbiste esa identidad. No es primordial, pero a veces ayuda.

Por ejemplo, yo siempre había creído de mi mismo que era una persona tímida. En realidad nunca había sido algo que me había planteado realmente, era parte de lo que yo consideraba “mi forma de ser” y por lo tanto no le daba muchas más vueltas ni siquiera me lo cuestionaba (esto es una pista, como veíamos en el anterior artículo: no tienes porqué ser quién siempre has creído, especialmente si eso te limita).

El considerarme tímido se manifestaba especialmente en la toma de decisiones que implicaba hacer algo con un grupo de gente desconocida, por lo general, eventos sociales. Si me remonto a situaciones en las que creo que adopté esa identidad, una de las escenas que me viene a la mente es de las primeras veces que iba por la calle sólo sin mis padres. Me había mandado mi madre a hacer un recado a la tienda del barrio y me encontré con un vecino al que no supe bien cómo saludar. Creo que lo que ocurrió fue que él me dijo “adiós” y siguió andando, y yo le dije “hola” y me fui a parar a hablar con él. Y me quedé con una sensación de vergüenza por no haber sabido bien cómo actuar.

Ahora soy capaz de ver que porque tengas un momento de timidez, eso no te convierte en una persona tímida, pero en aquel momento esta situación posiblemente sirvió para reforzar esta creencia de mi mismo.

Por lo tanto, el primer paso para mi con esta identidad de “soy tímido” fue precisamente entender que yo no tenía porqué ser así. Que no había nacido ya siendo así sino que por decirlo de alguna forma eso se había ido “fabricando” por el camino.

Buscando las excepciones a la regla

El segundo paso es empezar a buscar las evidencias que no se alineen con esa identidad. Dicen que toda regla tiene su excepción y empezar a buscar estas excepciones nos ayudará a entender e interiorizar que esa identidad no es tan inamovible y verdadera como creíamos que era.

Una buena forma de buscar la excepción es permitirnos ver evidencias de justamente lo opuesto a esa identidad. Como ya adelantábamos en la primera parte del artículo, tendemos a filtrar las evidencias que no apoyan nuestras creencias. En psicología se denomina sesgo de confirmación y afecta a todo el mundo. Cuánto más arraigadas estén tus creencias e identidades, más fuerte será este sesgo y más difícil te será encontrar evidencias o pruebas opuestas a ellas. Dicho de otra forma:

Vemos el mundo como somos, no como es.

Pero este es precisamente el trabajo a realizar, entender que nuestras identidades no son tan fieles a la realidad como creemos, debilitar su afianzamiento en nuestra mente y abrir nuestro filtro para permitirnos ver que también existen evidencias que no apoyan esas identidades.

Por ejemplo, en mi caso empecé a abrir mis ojos, orejas y mente a percibir ocasiones en las que mi forma de ser era lo opuesto a lo que yo entendía por tímido. Por ejemplo, pararme a acariciar a un perro por la calle y acabar hablando un rato con el dueño, o ayudar a unos turistas perdidos a encontrar una dirección y acabar teniendo una conversación con ellos o simplemente saludar al entrar en un bar. Situaciones y acciones que mi mente no catalogaría como las de una persona tímida.

Esto ayuda a debilitar esa identidad que hasta entonces ha estado firmemente arraigada como verdadera, activar la asombrosa capacidad de reconfiguración que tiene nuestro cerebro conocida como neuroplasticidad y nos permite empezar a ver que en vez de algo inmutable se trata de algo circunstancial.

Redefiniendo identidades

El tercer paso sería reemplazar esta identidad limitante por otra, lo cuál es más un arte que otra cosa.

¿Por qué?

Primero, porque tu mente lleva muchos años creyendo firmemente que ciertas identidades de ti son la verdad absoluta y no le va a hacer mucha gracia que eso cambie. Así que no va a funcionar intentar redefinir una identidad limitante, que te lleva acompañando media vida, por otra tan radicalmente opuesta, distinta o nueva que te sea imposible convencer a tu mente de ella.

Segundo, porque no nos vale negar la identidad actual (“ya no soy tímido”), ni mucho menos resistirnos ella. De hecho, vamos a tener que realizar el trabajo de aceptarla como una parte nuestra para poder redefinirla.

Es decir, yo sé que hay momentos y circunstancias en las que la timidez está presente en mi y lo acepto como tal. Si bien eso es diferente a definirme como una persona tímida.

¿Ves la diferencia? Transformamos la identidad limitante en circunstancial, lo que realmente siempre fue, en vez de considerarlo como nuestra forma de ser fija. Por ejemplo, podría afirmar que hay situaciones en las que me dejo cosas sin acabar (circunstancial), pero que yo soy una persona que termina lo que empieza (identidad).

En muchas ocasiones no es necesario incorporar una identidad completamente nueva, sino simplemente hacer lo que podríamos llamar un “ajuste de volúmenes”: bajarle el volumen a la identidad limitante y subirle el volumen a otra identidad ya existente, que sea más amplia y nos sirva mejor.

En mi caso, era imposible convencer a mi mente que de la noche a la mañana había pasado de ser “una persona tímida” a “una persona extrovertida”, identidad con la que por otro lado tampoco me sentía cómodo. Así que lo primero que hice fue buscar una situación relacionada con la que disfrutaba. Me di cuenta que aunque en situaciones podía sentir inicialmente timidez a la hora de conocer a gente por primera vez, en casi todas las ocasiones una vez que empezaba a conectar y descubrir a esa nueva persona, disfrutaba. Disfrutaba de la situación, disfrutaba de mi mismo y de quién estaba siendo.

Así que cogí eso y lo convertí en una identidad: “me gusta conectar y descubrir a gente nueva”. Esto unido con la toma de consciencia de descubrir que realmente yo no era tímido de nacimiento, fue suficiente para cambiar mi auto-imagen de mi mismo y por consiguiente la forma en que interactuaba con el mundo.

Cómo convencer a tu mente

La neurociencia nos dice que nuestro cerebro tiene la capacidad de reconfigurar todos los caminos neuronales y conexiones que ha ido construyendo con los años, a cada momento. Así que el trabajo de convencer a nuestra mente, aparte de factible, no es ni fácil ni difícil. Se trata básicamente de las dos C’s: constancia y consciencia.

Por un lado pillar a tu mente in fraganti en los momentos en que se dispare la identidad limitante que estás trabajando, para recordarte que se trata de algo circunstancial y no de quién tú eres. Y por otro lado, estar bien alerta para encontrar todas las evidencias y pruebas que antes no podías ver y que refuerzan positivamente la identidad más amplia.

Obviamente no es un proceso que se haga de un día a otro. Es más, algunas identidades puede ser que tardes hasta un año o más, dependiendo de cómo de arraigadas estaban previamente y cuántas evidencias puedas encontrar. Pero sí que vas a empezar a ver cambios desde el primer día.

Es realmente un trabajo que merece la pena realizar ya que estas nuevas identidades te abrirán las puertas para conseguir los logros y las habilidades que siempre has soñado con tener, además de acercarte a la persona que aspiras a ser.

Algunas identidades personales en las que yo trabajo, o he trabajado, por si te pueden servir de inspiración:

“Soy una persona que acaba lo que empieza”: Muy útil para un amplio rango de áreas en tu vida como conseguir metas, el compromiso, crear hábitos, etc. Como ya habrás podido imaginar este es uno de los pilares que sustenta a todo Doer, así que elevar tu energía doer es la mejor forma de conseguir evidencias que apoyen esta identidad.

“Cada día tengo más energía”: Para mi, esta creencia necesita de una serie de evidencias que la apoyen relacionadas con la nutrición, el descanso y el entendimiendo de cómo funcionan los niveles de energía del cuerpo.

“Mi cuerpo está cada día más joven y en mejor forma”: Esta va acompañada obviamente de un trabajo corporal que la sustenta y está muy relacionada con la anterior, pero es realmente muy importante ya que nuestras mentes están programadas para la vejez mental auto inducida, un tema del que hablaremos en otro artículo.

“Tengo tiempo para todo”: La razón por la que las técnicas de gestión de tiempo no funcionan.

“Me gusta ayudar a la gente”: Otro ejemplo de situación con la que disfruto, convertida en identidad y subida de volumen. Si lo piensas en términos de karma, es una buena idea adoptar esta identidad 🙂

“Yo creo mi propia suerte”: Esta es en contraposición de “me ocurren cosas buenas porque sí” en la que he creído muchos años, como si yo no tuviera nada que ver con ello. Hizo falta un trabajo intenso de encontrar las evidencias de cómo he ido creando mi propia suerte a lo largo de los años.

Y a ti, ¿cómo te gustaría rediseñarte?

Escrito por:

Victor Espigares

Bestselling author, startup founder, multi-passionate entrepreneur, contemporary dancer, and dad in progress. I help passionate makers and entrepreneurs thrive and grow to enjoy a Remarkable Life.

6 Comentarios

  1. Diana Patricia

    Me gustó mucho tu blog.

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  2. Victor Espigares

    En respuesta a Diana Patricia.
    ¡Muchas gracias Diana! Me alegro que te sea de utilidad lo que escribo 🙂

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  3. Jose

    Uffff Magnífico. Me ha encantado leer este artículo (y la primera parte por supuesto). Me ha abierto los ojos. Tengo que releerlo, meditarlo, digerirlo… y lo quiero llevar a la práctica con mis hijos y conmigo. Gracias por tus artículos Víctor

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  4. Victor Espigares

    En respuesta a Jose.
    Gracias Jose, me alegro que te haya servido y sobre todo que lo vayas a llevar a la práctica! Manténnos al tanto de cómo va 🙂

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  5. Manuel

    ¡Muy esclarecedor! Es justo el concepto con el creo sobre la identidad de las personas. No me vale decir “es que yo soy así” para justificar un comportamiento poco adecuado. Gracias por explicarlo de forma sencilla y clara.

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  6. Francisco Hernandez

    Llega un tiempo en la vida que es vital tomar atención real a uno mismo, es una necesidad re-definirse y tomar acción en arreglar los defectos y diseñar mejores y nuevos auto-conceptos que nos ayuden a alcanzar las metas que nunca se han logrado, salir de la zona de confort y explorar otras zonas que nos permita estar mas cerca a la felicidad y auto-realización.

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